miércoles, 16 de abril de 2008

Casi dos años después del certamen. Doce kilos más tarde













Las experiencias nutren de conocimiento nuestra vida y muchas veces nos cambian la perspectiva o prioridades. Casi dos años después de haber sido miss, mi prioridad dio un giro de 360 grados, cambio que no pudo haber sido posible sin aprender la lección de lo vivido.
Participar en la feria internacional del Rosario 2006 fue una experiencia única e insuprimible del relato de mi vida, pues me permitió conocer desde adentro la falsedad de una sonrisa de miss que muchas veces llora dentro de si cada una de las maldades e injusticias que tiene que soportar si lo que quiere es llegar al final.
El camino al gran evento de la belleza cabimense comenzó con un casting donde, por gorda, entré con amenazas de salir. En esa selección no todo fue limpio ya que sabíamos quienes serían las seleccionadas según la academia o agencia de la que venía cada una. De primera fui llamada a la amenaza. Era la más gorda de las flacas y la más flaca de las gordas. Pesaba unos 68 kg con 1,71 de estatura, y no es que halla estado pasada de peso saludable si no que para ser miss debes ser flaca por naturaleza o matarte con dietas y lucir como alguien ordena.
El trajín diario
A un mes y una semana para el evento inició el desgaste físico y el cambio brusco por la suma de actividades diarias, no sólo por el reinado si no por cursar, además, dos materias en el curso de verano de La Universidad del Zulia y mi trabajo nocturno en la radio.
Los días transcurrían así: levantarse a las 4:20am para viajar a Maracaibo a la universidad. Solía llevar desayuno (dos rebanadas de pan integral tostado o empanada integral y jugo natural) porque la uni no ofrece nada dietético en su menú. Muchas veces servía de almuerzo también por el hecho de salir de clases a la 1pm y acudir sin escalas a la estética para aplicarme los tratamientos adelgazantes, que pagaba con publicidad en la radio.
Llegaba a la casa a las 4:35pm casi siempre. Almorzaba algo muy ligero como carne a la plancha o pollo con ensalada y a las 5:30 iba a l club La Salina, sitio de los ensayos de pasarela, baile y de las mediciones corporales semanales. A las 7:40 iba a la emisora a trabajar hasta las 9:00pm. Había días en los que de ahí salía a la casa o me tocaba volver a ensayar hasta pasadas las 11 de la noche, hora en la que cumplía las asignaciones universitarias, que a veces no me daban tiempo de dormir antes de comenzar la faena igual del día siguiente.
Aquello era de lunes a viernes si no había alguna presentación a los medios o evento especial. Varios días cambiaron el panorama con la presencia de esas presentaciones; el día de la presentación a la prensa el despertador sonó a las 2:00am para ir al club a maquillarme puesto que era la número uno de 28 chicas y todas tenían que maquillarse con la misma persona. Ese o esos días de compromisos no iba a la universidad pero pasaba toda la mañana entre una u otra presentación. Así fue hasta llegar el día del evento.
La cara de perro que tuvo reinado
Dos semanas después de haber comenzado el itinerario empezaron los enfrentamientos y rivalidades. El presidente del evento me impuso dejar el trabajo y la universidad, a lo que me negué rotundamente. Busqué apoyo del comité y logré continuar con todo al mismo tiempo.
Vivía estresada a causa del trajín de cada día; cada actividad requería su dedicación y siempre se la daba, sólo que me desgastaba el triple.
La anorexia tocó a mi puerta; vivir preocupada por el valor nutricional de cada cosa y cómo hacer para quemar lo poco que comiste no es vida para nadie. Esa actitud sólo te llena de rabia hacia tu contextura, decepción por lo “poco” que bajas por día y un deseo inmenso por lucir esqueléticamente “bella”. Degrada tu salud física y mental y tu autoestima se ubica en el subsuelo.
El vestido de la primera salida era como 12 centímetros más largo de lo debido. Gracias a Dios no me hizo caer aunque creo que era esa la intensión. No ser la más obediente del que estaba al mando fue motivo de regaños e insultos a diario, pero no quise darle el gusto de abandonar.
Una sandalia rota me sumó un problema. No había sandalias plateadas número 40 en toda Cabimas. Ah por cierto, faltaban horas para la elección. Un maquillaje mal colocado intentaba arruinarme el gran día del evento, sin embargo no pudo. Un zapatero logró remendar la sandalia y un amigo contactó a un maquillador para solventar los problemas y pude lucirme esa noche.
Cambios radicales
Tal vez el cambio más resaltante fue físico; diez kilos menos en sólo un mes me hicieron pasar de 93-76-103 a 90-59-95, cambio drástico que me hizo lucir como siempre quise pero le dio un avance enorme a la gravedad de mi gastritis. Otro cambio mayúsculo fue el de cambiar el color del cabello virgen, un castaño medio, a uno full de transparencias color champagne, las cuales fueron motivo de huida al espejo por más de tres semanas; no eran feas, pero me veía mayor; eran hechas con decolorante, lo que las garantiza por tres años más o menos, en caso de no aplicar tinte; y fueron producto de un engaño, el compromiso era bajar un tono y bajó como ocho.
El verdadero cambio fue interno. Al ver el resultado que daba como ganadora a la que más pago o más se prostituye, en alianza con el presidente del concurso de quien nunca fui santo se devoción, me hizo entender que esto no era lo que yo buscaba. Todas las que hacían eso vivían sin aspiraciones y no les importaba más que el dinero a costa de su cuerpo. Si, es un mundo vacío que sólo te da la proyección del momento a cambio de tu integridad.
Esperemos que ese no sea el universo de todos los concursos, pero si es la triste cara que me tocó conocer.
Moraleja:
Si no eres flaca de nacimiento, no atentes contra tu salud por un simple certamen. Tú vales más que eso.
Se siente mejor sonreír porque te nace y no porque debes hacerlo durante dos horas y frente a cámaras.
Cultiva primero tu intelecto y luego tu físico; el primero es tu mejor herramienta, el segundo es sólo tu forma de transportarlo.
Piensa en lo que de verdad deseas; si tienes sólidas expectativas, invierte tu tiempo de mejor manera.
Tus estudios pueden darte mayor satisfacción; afortunadamente nunca los descuidé. Culminé las dos materias del curso de verano de forma satisfactoria, una con 17 y otra con 19. Y del trabajo ni se diga, si de verdad te llena, jamás lo pierdas por un mundo vacío como un concurso de belleza.


Hoy disfruto de mi trabajo, que gracias a Dios nunca dejé ni mientras ni después del concurso. Me acompañan alrededor de doce kilos más que en aquél tiempo, pero me siento tranquila y saludable.




sábado, 12 de abril de 2008

¿Por qué trabajas?

¿Alguna vez te has preguntado por qué desempeñas ése empleo? Si aún estás en formación académica, ¿sabes por qué lo haces? Aunque estés cursando primer año de bachillerato o lleves tres o más años graduado y trabajando en tu área, respóndete a ti mismo. Si crees que has llegado a donde estás o haces lo que haces por complacer a alguien que no seas tú (padres, tíos, personas que te pagan los estudios, cónyuge o pareja), no estás haciéndolo bien.
Sea porque justifiques tu función en el mundo por necesitar un sustento monetario o porque nunca has tenido la iniciativa de tomar el rumbo que tu vocación te grita, analízate y conócete.
Frecuentemente muchas personas orientan su vocación a donde la incline el destino y no a donde se sienten atraídos. El beneficio económico que obtienen es enorme, supongamos. Sin embargo aparece la rutina, que no es más que el fastidio de hacer lo que haces cada día, en ubicación monótona y a la vez vacía. A otros les sucede que se enamoran tanto de su vocación que consiguen lucrarse de ella pero en algún momento se sienten sumidos en la rutina y caen, al igual que los anteriores, en la vacía y poco remunerante emocional, rutina.
Cuando nos queda cumplir una función para subsistir, debido a que no hay “para donde correr”, es necesario saber o mejor, querer cumplirla de la mejor manera, ser los mejores en eso que se practica a diario, pongámosle corazón a nuestro ejercicio laboral para olvidarnos de caer en rutina aunque nos toque hacer lo mismo cada día.

Una importante lección de vida
Un día me tocó hacer un trabajo para universidad en un área que me gusta mucho pero no podía hacerlos sola. Necesitaba de dos técnicos que me ayudasen e hicieran una parte del trabajo, así que contacté a dos técnicos. El primero culminó su parte en diez horas (tres en un día y siete de otro), que requería más dedicación que la otra pero era igual de importante que la que desempeñaría el otro técnico; en el transcurso del trabajo, se podía notar el entusiasmo y perfeccionismo que le ponía; no, repite tu parte, hazlo de nuevo, puede quedarte mejor, así no, esa si quedó… era lo que yo escuchaba mientras trabajábamos en la grabación. Una constante lucha porque todo quedara excelente.
Al momento de musicalizar y plasmarle el toque personal al material, el joven tomó cerca de una hora para conseguir un efecto sonoro. Al momento lo creí extremista. No obstante, era su forma de ponerle corazón y su verdadero sello personal al asunto. Cuando terminó toda su labor me dijo que le pagara lo que yo quisiera, lo que considerase justo. El trabajo había quedado más que perfecto y para mí, su valor era incalculable. Le pagué, no diré cuanto pero lo considero muy poco, y a la postre me fui a trabajar con el otro técnico.
La experiencia fue muy enriquecedora. El prestador del servicio, nada económico por cierto, estaba fastidiado, se quería ir y todo le daba igual. El trabajo quedó bien pero pudo haber quedado mejor. Ahí aprendí cómo trabajar.
El primer técnico está en mi pedestal de admiración; su nombre es Luis González. Sí, el DJ de Salamandra. Es una persona sencilla, muy profesional y el mejor en lo que hace. Tiene su negocio en su casa y lo atiende con dedicación, entrega y excelencia
Del segundo no daré mayores datos por razones éticas; sólo que tiene más fama que Luis y un alto cargo en una empresa del mercado cabimense.
Las conclusiones las dejo a juicio personal, sólo les digo que si ponen entusiasmo a su trabajo, será el mejor y aunque no todo el mundo lo conozca, los que sí, lo valorarán.

lunes, 7 de abril de 2008

Un poco de vida para este sitio.Seres especiales y queridos






Anaqueles en crisis (creado en febrero de 2007. Cuando el desabastecimiento nos sorprendía)

Hace unos días escuché comentar a una vecina con mi mamá sobre el problema de la escasez del aceite comestible, la margarina, mayonesa, azúcar, caraotas y hasta del papel higiénico; “no se consiguen en cada, de cándido, y en mercal sólo llegan un día a la semana, restringen la cantidad que uno puede comprar y es un problemón con las colas que se forman”, comentó una de ellas.


Al principio sólo fue la leche en polvo que se mostraba ausente e hizo correr a más de uno, especialmente a padres de niños que consumen alimentos lácteos; siendo las especulaciones el pan nuestro de cada día. Posteriormente la falta de azúcar nos dejó sin sabor por cierto tiempo; y así se fueron sumando otros rubros como el pollo y la carne de res, cuyos precios “regulados” no aparecen por ningún lado o hay que <> como comentan las amas de casa que se encuentran ante este panorama en los diversos establecimientos que expenden víveres y productos de la cesta básica.


Resulta ser un verdadero malestar y motivo de alarma para los consumidores este problema suscitado a lo largo y ancho del país. A pesar de las múltiples alocuciones políticas del Presidente de la república y de ministros de turno, para todos los venezolanos ha sido realidad el desabastecimiento existente en casi la totalidad de regiones del país de ciertos productos de la cesta básica.


Se rumora que la mayor parte de los productos que escasean deben la situación a un posible incremento notable en sus costos, pero también se habla de la baja en la producción de los mismos en el territorio nacional. ¿Qué será real? pues no se sabe la respuesta si lo que buscamos es una respuesta imparcial y apolítica.

Parásitos institucionales

(Creado en febrero de 2007)
Se ha de definir el término parásito, como organismos que viven a expensas de otros, también llamados huéspedes… este concepto de mi enciclopedia Girasol quedó impregnado en mi mente desde el cuarto grado de educación básica; en aquél momento pensé que sólo era aplicable para aquellos protozoarios que desde que el mundo es mundo, el médico nos dice que tenemos alojados en el estómago, y que nos hacen expulsar a través de ciertos y molestos tratamientos. Pero una realidad igual de tormentosa hemos de vivir estudiantes preocupados por nuestro pénsum escolar en el momento de no haber elegido un grupo de trabajo adecuado a nuestras necesidades y perspectivas, y en realidad no hablo sólo de la universidad, el panorama en sí se evidencia desde la escuela.

María era una de las mejores estudiantes de su salón, ella cursaba el quinto grado a sus 9años de edad; era muy colaboradora, participativa e inteligente, pero su círculo de amistades no tenía las mismas características. Al momento de formar un grupo para la entrega de un trabajo, María buscaba estar con sus amigos, trabajo en el cual se aplicaba el término de “cachicamo trabaja pa´ lapa”, es decir, María corría con todo lo concerniente a la investigación y realización del trabajo. Viéndolo bien de cerca, ¿no es aplicable el término de “parásitos” para los amigos d María, si a costa de ella aprobaban con 20 el año escolar?

Otro caso es el de Patricia, joven cuyo promedio de 19.8 resultaba muy atractivo para sus compañeros en quinto año de bachillerato. Al iniciarse el año escolar, la profesora de biología, encargada del proyecto de investigación, les comunica a sus alumnos la tarea de formar grupos de tres personas para la selección del problema y el posterior desarrollo del mismo; Patricia no conocía a nadie de su sección, por lo tanto intentó seleccionar intuitivamente a sus compañeros de proyecto. Ya ella tenía el problema a estudiar y el planteamiento del mismo. Muchas veces la intuición nos falla, de esto aprendió Patricia cuando luego de no tener marcha atrás tuvo que quedarse con los dos “parásitos” que seleccionó al principio, y que evidenciaron su naturaleza al dejarle a lo largo de los dos lapsos toda la investigación del proyecto. ¿Es o no aplicable la terminología de parásitos a estos jóvenes?
Como verán, el planteamiento del problema radica en los frecuentes malestares que estudiantes de todos los niveles de educación sufren a lo largo de su carrera, por lo cual, ha de ser pertinente conocer el punto de vista de algunos estudiantes con respecto al tema, así como indagar sobre las posibles soluciones que estudiantes preocupados han de tomar para la purificación de sus grupos de trabajo, o si prefieren trabajos individuales.

sábado, 5 de abril de 2008

Las dos caras de la primera licencia

Roberto Torres y Marcel Rivero, quienes se conocieron a la edad de 17 años, son casi opuestos físicamente y sin embargo tienen mucho en común: nacieron en el año 1989, son el mayor de dos hermanos, residen en Cabimas y aprendieron a manejar al volante de un corsa sincrónico año 2001. Para los padres de ambos, 16 años era edad considerable para que su hijo obtuviese las primeras lecciones de conducir, así, al llegar los 18 tuviese la práctica y conocimiento suficiente al manejar. A pesar que los dos chicos consiguieron su licencia de conducir cinco meses después de cumplir sus 18 años, otra coincidencia, el camino a conseguir el certificado fue totalmente distinto.
Roberto cursaba tercer semestre de comunicación social en La Universidad del Zulia a la fecha de su cumpleaños número 18, que además coincidía con el día de San José. Aunque ya contaba con la edad necesaria para ser un conductor legal, no tenía la información precisa del sitio donde obtendría la licencia, ni los requisitos. Sólo sabía que necesitaría presentar una prueba teórica y una prueba práctica para tal fin.
En carretera ya desde hacía tiempo y al mando de un corsa azul 2001 con placas VCZ-29Z que lo acompañó desde la primera vez que pisó el acelerador, Roberto obtuvo la práctica y habilidad para que el préstamo del vehículo fuera más frecuente. El hecho de no tener licencia le preocupaba pero “no le quitaba el sueño”, igual su mamá le prestaba el carro cada vez que no lo necesitaba, confiada en la prudencia de su hijo.
En vista de que Roberto usaba el carro con frecuencia, su tío Tulio Luzardo se ofreció a llevarlo sacar la licencia a La Cañada de Urdaneta, donde él conocía a un caballero que podía facilitar el proceso, para no correr con el riesgo de ser estafados al entregar dinero a un desconocido que luego no cumpliría su parte del trato. Supuestamente, el conocido del señor Luzardo haría todo el trabajo y le pondría el certificado en las manos a Roberto después de cancelar la “contribución”. Eso estaba por verse.
La
Para los amigos de la comodidad hay una figura llamada gestor, que es la persona encargada de cobrar un monto por facilitar un trámite, ahorrar tiempo y molestias a los que necesitan hacer un papeleo de cualquier tipo en oficinas públicas y gubernamentales. Por ser esto un empleo u ocupación habitual, los gestores suelen dar rienda suelta a los costos de sus servicios y pueden llegar a cobrar hasta cinco veces el monto de tarifas establecidas.
Los gestores son el carro que puede transportar a cualquier ciudadano por la vía fácil, siempre que cuente con uno eficaz. Para Roberto el gestor inicial, el conocido que su tío contactó y al que apodaban “el morocho”, no dio más que molestias.
El primer día de visita a La Cañada, jueves 25 de agosto de 2007, sin importar las dos horas que incluía el trayecto desde el apartamento de Roberto en Cabimas, pasar a buscar al tío Tulio en El Mene y seguir hasta la sede del Instituto Nacional de Transporte y Tránsito Terrestre (INTTT) de La Cañada no importaban. Tal vez sería “el grillo” tener licencia que hizo de la travesía algo sin problemas ni sobresaltos.
Al llegar, “el morocho” le pidió a Roberto los documentos(copia de cédula, fotos tipo carné y pestaña del certificado médico), los metió ordenados misteriosamente en un sobre que posteriormente sería enviado a Caracas para hacer el registro respectivo y entregar, tres meses después el certificado cuya vigencia es de 10 años. Luego le dio un Acta de Prueba Práctica, como aval de que había aprobado la prueba.
El avance quedó ahí. Sólo en los papeles acomodados “en clave” dentro del sobre y una planilla, constancia de que el muchacho había presentado la prueba práctica a bordo de un Fairlaine… eso fue lo que dijo en gestor al joven, por si acaso alguien le preguntase. El favor costó Bs. 50.000. Al parecer la encargada de aplicar el examen teórico estaba enferma y por eso se suspendía el progreso.
Al segundo y tercer viaje no hubo mayor logro. En el cuarto viaje, y hartos del estancamiento donde los dejó el morocho, el señor Tulio habló directamente con la dama encargada de aplicar el examen, cuya tarifa era de Bs. 100.000 pero daba la seguridad de obtener inmediatamente la licencia provisional. Falso, fue necesario otro viaje y una nueva espera de dos horas para que la corrupción diera frutos.
El recorrido habitual de Cabimas a Maracaibo era el pan de cada día para el muchacho; bajar en el distribuidor de San Francisco y después, saber que era vía La Cañada porque el paisaje era únicamente monte y más monte, una que otra vivienda rural dispersa y el “llegamos” pasaba por su mente al encontrar en el camino la estación de servicio PDV, situada en las adyacencias del galpón con cara de cancha techada donde funcionaba el INTTT de esta jurisdicción.
Lleno de cansancio y fastidiado de que le hicieran perder su tiempo, en el quinto viaje y después de esperar un buen rato en el que había meditado un insulto para la funcionaria, ésta salió con el papelito anhelado en la mano “Ay, se me olvidaba que estabas aquí, ya todo está listo”, palabras mágicas para que Roberto diera gracias a Dios por el final del “proceso” y por tener en mano la licencia provisional, el 31 de agosto.
Tiempo después transitando el puente Rafael Urdaneta, Roberto casi llora y no de la felicidad precisamente al enterarse de que Marcel también había conseguido la licencia, pero en Cabimas, sin pagar gestores y con menos tropiezos.
Los empleados del INTTT quieren irse rápido
Marcel arribó a los 18 años el día de San Ramón, 31 de agosto, del año 2007. Por comenzar al día siguiente de su onomástico el segundo semestre de arquitectura en LUZ, inicio de trabajo intensivo sin descanso ni días libres que caracterizan a un estudiante responsable, fue postergando la fecha para proceder con los recaudos necesarios que le otorgarían su primera licencia de conducir.
Seguía conduciendo el carro de su mamá, Hiundai Accent 2000 o el Fiat uno 2001 de su papá frecuentemente, eso sí, huyendo de los fiscales que podrían “martillarlo” al descubrir que no tenía papeles para ser chofer.
Llegada la época de vacaciones decembrinas, su papá le comentó que tenía un contacto en la inspectoría de Nueva Cabimas que fácilmente le conseguiría el documento por Bs. 200.000. Debido a la fecha, 18 de diciembre, el chico decidió esperar mediados de enero para realizar la diligencia.
Aproximadamente el 20 de enero se entera por una amiga de su novia que es fácil realizar el asunto por la vía legal y sin intermediarios, sólo realizar los depósitos y ya.

4/5
El chico se dirigió a la Inspectoría la mañana del viernes 25 de febrero a investigar los requisitos para presentar las pruebas; era un lugar agradable, lucía como oficina remodelada
hacía pocos días; todo limpio y en orden, con paredes color salmón y afiches de señalización o carteleras informativas como decoración.
En la visita encontró a un señor de nombre José Luis, que le indicó de memoria el número de cuenta para depositar en el banco Mercantil, a nombre del INTTT, tres montos: 30.100, 7.720 y 1.500 bolívares. Dijo también, que luego de realizar el depósito debía regresar a la sede del INTT con los recibos, doce días después ir de nuevo para que les dieran la fecha para presentar la prueba teórica y no se sabía cuándo la práctica.
“Ay, chico, pero aquí yo te pongo todo eso pa´ que salgáis del paso hoy: te doy los bauches, te paso la prueba y te entrego la provisional en menos de una hora”, fueron las palabras del tal José Luis para que Marcel se diera cuenta de que no era funcionario del organismo. La cuota para tantos favores era de Bs.150.000. Saliendo del lugar para ir al banco se tropezó con otro gestor que le hacía el favor por Bs.120.00.
Decidió hacer el depósito y volver para Nueva Cabimas. Al llegar lo atendió otro hombre, éste sí estaba identificado con la insignia del INTTT. Le comunicó que el martes les correspondía presentar el examen teórico y si no podía ir ese día, el jueves a las 2 de la tarde estaría bien.
El jueves 31 a las 2:05 pm llegó Marcel al lugar. Había estudiado, repasado y memorizado el Manual de Señalamiento toda esa semana. Lo atendió una señorita y dijo que lo llamaría al entrar la segunda tanda; entró un grupo de 34 hombres aproximadamente; después otros 20, más tarde unos 15 y ya cuando decidió no contar más se acerco a la señorita, que reaccionó no muy contenta y lo mandó a sentar otra vez.
Pasadas dos horas y media, aturdido por un extraño ruido de taladros y martillos, Marcel se asomó al salón de la prueba y otra mujer le dijo: “Ay se me olvidaba que estabas ahí, pasa”, tal como le habían dicho a Roberto en La Cañada, como si fuera un código secreto. Mientras colocaba sus datos en una planilla, la mujer dijo que se quería ir ya porque estaba cansada y el ruido la volvía loca: “Mejor te doy una ayudadita, anota rápido que me quiero ir: en la primera parte 1 a, 2 c, 3 4 5 y 6 b… y así sucesivamente hasta completar las cinco partes de las que consta la prueba. Y todo sin pagar ni medio a ningún gestor ni secretaria.
5/5
La licencia provisional estaba lista el viernes, en el mismo paquete donde se encontraban las de aquéllos que sí pagaron. De paso, nadie mencionó la prueba práctica en ningún momento, ni a Marcel ni a Roberto.