


Las experiencias nutren de conocimiento nuestra vida y muchas veces nos cambian la perspectiva o prioridades. Casi dos años después de haber sido miss, mi prioridad dio un giro de 360 grados, cambio que no pudo haber sido posible sin aprender la lección de lo vivido.
Participar en la feria internacional del Rosario 2006 fue una experiencia única e insuprimible del relato de mi vida, pues me permitió conocer desde adentro la falsedad de una sonrisa de miss que muchas veces llora dentro de si cada una de las maldades e injusticias que tiene que soportar si lo que quiere es llegar al final.
El camino al gran evento de la belleza cabimense comenzó con un casting donde, por gorda, entré con amenazas de salir. En esa selección no todo fue limpio ya que sabíamos quienes serían las seleccionadas según la academia o agencia de la que venía cada una. De primera fui llamada a la amenaza. Era la más gorda de las flacas y la más flaca de las gordas. Pesaba unos 68 kg con 1,71 de estatura, y no es que halla estado pasada de peso saludable si no que para ser miss debes ser flaca por naturaleza o matarte con dietas y lucir como alguien ordena.
El trajín diario
A un mes y una semana para el evento inició el desgaste físico y el cambio brusco por la suma de actividades diarias, no sólo por el reinado si no por cursar, además, dos materias en el curso de verano de La Universidad del Zulia y mi trabajo nocturno en la radio.
Los días transcurrían así: levantarse a las 4:20am para viajar a Maracaibo a la universidad. Solía llevar desayuno (dos rebanadas de pan integral tostado o empanada integral y jugo natural) porque la uni no ofrece nada dietético en su menú. Muchas veces servía de almuerzo también por el hecho de salir de clases a la 1pm y acudir sin escalas a la estética para aplicarme los tratamientos adelgazantes, que pagaba con publicidad en la radio.
Llegaba a la casa a las 4:35pm casi siempre. Almorzaba algo muy ligero como carne a la plancha o pollo con ensalada y a las 5:30 iba a l club La Salina, sitio de los ensayos de pasarela, baile y de las mediciones corporales semanales. A las 7:40 iba a la emisora a trabajar hasta las 9:00pm. Había días en los que de ahí salía a la casa o me tocaba volver a ensayar hasta pasadas las 11 de la noche, hora en la que cumplía las asignaciones universitarias, que a veces no me daban tiempo de dormir antes de comenzar la faena igual del día siguiente.
Aquello era de lunes a viernes si no había alguna presentación a los medios o evento especial. Varios días cambiaron el panorama con la presencia de esas presentaciones; el día de la presentación a la prensa el despertador sonó a las 2:00am para ir al club a maquillarme puesto que era la número uno de 28 chicas y todas tenían que maquillarse con la misma persona. Ese o esos días de compromisos no iba a la universidad pero pasaba toda la mañana entre una u otra presentación. Así fue hasta llegar el día del evento.
La cara de perro que tuvo reinado
Dos semanas después de haber comenzado el itinerario empezaron los enfrentamientos y rivalidades. El presidente del evento me impuso dejar el trabajo y la universidad, a lo que me negué rotundamente. Busqué apoyo del comité y logré continuar con todo al mismo tiempo.
Vivía estresada a causa del trajín de cada día; cada actividad requería su dedicación y siempre se la daba, sólo que me desgastaba el triple.
La anorexia tocó a mi puerta; vivir preocupada por el valor nutricional de cada cosa y cómo hacer para quemar lo poco que comiste no es vida para nadie. Esa actitud sólo te llena de rabia hacia tu contextura, decepción por lo “poco” que bajas por día y un deseo inmenso por lucir esqueléticamente “bella”. Degrada tu salud física y mental y tu autoestima se ubica en el subsuelo.
El vestido de la primera salida era como 12 centímetros más largo de lo debido. Gracias a Dios no me hizo caer aunque creo que era esa la intensión. No ser la más obediente del que estaba al mando fue motivo de regaños e insultos a diario, pero no quise darle el gusto de abandonar.
Una sandalia rota me sumó un problema. No había sandalias plateadas número 40 en toda Cabimas. Ah por cierto, faltaban horas para la elección. Un maquillaje mal colocado intentaba arruinarme el gran día del evento, sin embargo no pudo. Un zapatero logró remendar la sandalia y un amigo contactó a un maquillador para solventar los problemas y pude lucirme esa noche.
Cambios radicales
Tal vez el cambio más resaltante fue físico; diez kilos menos en sólo un mes me hicieron pasar de 93-76-103 a 90-59-95, cambio drástico que me hizo lucir como siempre quise pero le dio un avance enorme a la gravedad de mi gastritis. Otro cambio mayúsculo fue el de cambiar el color del cabello virgen, un castaño medio, a uno full de transparencias color champagne, las cuales fueron motivo de huida al espejo por más de tres semanas; no eran feas, pero me veía mayor; eran hechas con decolorante, lo que las garantiza por tres años más o menos, en caso de no aplicar tinte; y fueron producto de un engaño, el compromiso era bajar un tono y bajó como ocho.
El verdadero cambio fue interno. Al ver el resultado que daba como ganadora a la que más pago o más se prostituye, en alianza con el presidente del concurso de quien nunca fui santo se devoción, me hizo entender que esto no era lo que yo buscaba. Todas las que hacían eso vivían sin aspiraciones y no les importaba más que el dinero a costa de su cuerpo. Si, es un mundo vacío que sólo te da la proyección del momento a cambio de tu integridad.
Esperemos que ese no sea el universo de todos los concursos, pero si es la triste cara que me tocó conocer.
Moraleja:
Si no eres flaca de nacimiento, no atentes contra tu salud por un simple certamen. Tú vales más que eso.
Se siente mejor sonreír porque te nace y no porque debes hacerlo durante dos horas y frente a cámaras.
Cultiva primero tu intelecto y luego tu físico; el primero es tu mejor herramienta, el segundo es sólo tu forma de transportarlo.
Piensa en lo que de verdad deseas; si tienes sólidas expectativas, invierte tu tiempo de mejor manera.
Tus estudios pueden darte mayor satisfacción; afortunadamente nunca los descuidé. Culminé las dos materias del curso de verano de forma satisfactoria, una con 17 y otra con 19. Y del trabajo ni se diga, si de verdad te llena, jamás lo pierdas por un mundo vacío como un concurso de belleza.
Hoy disfruto de mi trabajo, que gracias a Dios nunca dejé ni mientras ni después del concurso. Me acompañan alrededor de doce kilos más que en aquél tiempo, pero me siento tranquila y saludable.
Participar en la feria internacional del Rosario 2006 fue una experiencia única e insuprimible del relato de mi vida, pues me permitió conocer desde adentro la falsedad de una sonrisa de miss que muchas veces llora dentro de si cada una de las maldades e injusticias que tiene que soportar si lo que quiere es llegar al final.
El camino al gran evento de la belleza cabimense comenzó con un casting donde, por gorda, entré con amenazas de salir. En esa selección no todo fue limpio ya que sabíamos quienes serían las seleccionadas según la academia o agencia de la que venía cada una. De primera fui llamada a la amenaza. Era la más gorda de las flacas y la más flaca de las gordas. Pesaba unos 68 kg con 1,71 de estatura, y no es que halla estado pasada de peso saludable si no que para ser miss debes ser flaca por naturaleza o matarte con dietas y lucir como alguien ordena.
El trajín diario
A un mes y una semana para el evento inició el desgaste físico y el cambio brusco por la suma de actividades diarias, no sólo por el reinado si no por cursar, además, dos materias en el curso de verano de La Universidad del Zulia y mi trabajo nocturno en la radio.
Los días transcurrían así: levantarse a las 4:20am para viajar a Maracaibo a la universidad. Solía llevar desayuno (dos rebanadas de pan integral tostado o empanada integral y jugo natural) porque la uni no ofrece nada dietético en su menú. Muchas veces servía de almuerzo también por el hecho de salir de clases a la 1pm y acudir sin escalas a la estética para aplicarme los tratamientos adelgazantes, que pagaba con publicidad en la radio.
Llegaba a la casa a las 4:35pm casi siempre. Almorzaba algo muy ligero como carne a la plancha o pollo con ensalada y a las 5:30 iba a l club La Salina, sitio de los ensayos de pasarela, baile y de las mediciones corporales semanales. A las 7:40 iba a la emisora a trabajar hasta las 9:00pm. Había días en los que de ahí salía a la casa o me tocaba volver a ensayar hasta pasadas las 11 de la noche, hora en la que cumplía las asignaciones universitarias, que a veces no me daban tiempo de dormir antes de comenzar la faena igual del día siguiente.
Aquello era de lunes a viernes si no había alguna presentación a los medios o evento especial. Varios días cambiaron el panorama con la presencia de esas presentaciones; el día de la presentación a la prensa el despertador sonó a las 2:00am para ir al club a maquillarme puesto que era la número uno de 28 chicas y todas tenían que maquillarse con la misma persona. Ese o esos días de compromisos no iba a la universidad pero pasaba toda la mañana entre una u otra presentación. Así fue hasta llegar el día del evento.
La cara de perro que tuvo reinado
Dos semanas después de haber comenzado el itinerario empezaron los enfrentamientos y rivalidades. El presidente del evento me impuso dejar el trabajo y la universidad, a lo que me negué rotundamente. Busqué apoyo del comité y logré continuar con todo al mismo tiempo.
Vivía estresada a causa del trajín de cada día; cada actividad requería su dedicación y siempre se la daba, sólo que me desgastaba el triple.
La anorexia tocó a mi puerta; vivir preocupada por el valor nutricional de cada cosa y cómo hacer para quemar lo poco que comiste no es vida para nadie. Esa actitud sólo te llena de rabia hacia tu contextura, decepción por lo “poco” que bajas por día y un deseo inmenso por lucir esqueléticamente “bella”. Degrada tu salud física y mental y tu autoestima se ubica en el subsuelo.
El vestido de la primera salida era como 12 centímetros más largo de lo debido. Gracias a Dios no me hizo caer aunque creo que era esa la intensión. No ser la más obediente del que estaba al mando fue motivo de regaños e insultos a diario, pero no quise darle el gusto de abandonar.
Una sandalia rota me sumó un problema. No había sandalias plateadas número 40 en toda Cabimas. Ah por cierto, faltaban horas para la elección. Un maquillaje mal colocado intentaba arruinarme el gran día del evento, sin embargo no pudo. Un zapatero logró remendar la sandalia y un amigo contactó a un maquillador para solventar los problemas y pude lucirme esa noche.
Cambios radicales
Tal vez el cambio más resaltante fue físico; diez kilos menos en sólo un mes me hicieron pasar de 93-76-103 a 90-59-95, cambio drástico que me hizo lucir como siempre quise pero le dio un avance enorme a la gravedad de mi gastritis. Otro cambio mayúsculo fue el de cambiar el color del cabello virgen, un castaño medio, a uno full de transparencias color champagne, las cuales fueron motivo de huida al espejo por más de tres semanas; no eran feas, pero me veía mayor; eran hechas con decolorante, lo que las garantiza por tres años más o menos, en caso de no aplicar tinte; y fueron producto de un engaño, el compromiso era bajar un tono y bajó como ocho.
El verdadero cambio fue interno. Al ver el resultado que daba como ganadora a la que más pago o más se prostituye, en alianza con el presidente del concurso de quien nunca fui santo se devoción, me hizo entender que esto no era lo que yo buscaba. Todas las que hacían eso vivían sin aspiraciones y no les importaba más que el dinero a costa de su cuerpo. Si, es un mundo vacío que sólo te da la proyección del momento a cambio de tu integridad.
Esperemos que ese no sea el universo de todos los concursos, pero si es la triste cara que me tocó conocer.
Moraleja:
Si no eres flaca de nacimiento, no atentes contra tu salud por un simple certamen. Tú vales más que eso.
Se siente mejor sonreír porque te nace y no porque debes hacerlo durante dos horas y frente a cámaras.
Cultiva primero tu intelecto y luego tu físico; el primero es tu mejor herramienta, el segundo es sólo tu forma de transportarlo.
Piensa en lo que de verdad deseas; si tienes sólidas expectativas, invierte tu tiempo de mejor manera.
Tus estudios pueden darte mayor satisfacción; afortunadamente nunca los descuidé. Culminé las dos materias del curso de verano de forma satisfactoria, una con 17 y otra con 19. Y del trabajo ni se diga, si de verdad te llena, jamás lo pierdas por un mundo vacío como un concurso de belleza.
Hoy disfruto de mi trabajo, que gracias a Dios nunca dejé ni mientras ni después del concurso. Me acompañan alrededor de doce kilos más que en aquél tiempo, pero me siento tranquila y saludable.





